jueves, 5 de noviembre de 2015

La Enfermedad Del Tiempo





Creo que vivir deprisa no es vivir, es sobrevivir.
Nuestra cultura nos inculca el miedo a perder el tiempo, pero la paradoja es que la aceleración nos hace desperdiciar la vida.
Hoy todo el mundo sufre la enfermedad del tiempo: la creencia obsesiva de que el tiempo se aleja y debes pedalear cada vez más rápido.
La velocidad es una manera de no enfrentarse a lo que le pasa a tu cuerpo y a tu mente, de evitar las preguntas importantes…
Viajamos constantemente por el carril rápido, cargados de emociones, de adrenalina, de estímulos, y eso hace que no tengamos nunca el tiempo y la tranquilidad que necesitamos para reflexionar y preguntarnos qué es lo realmente importante.
La lentitud nos permite ser más creativos en el trabajo, tener más salud y poder conectarnos con el placer y los otros.
A menudo, trabajar menos significa trabajar mejor.
Pero más allá del gran debate sobre la productividad se encuentra la pregunta probablemente más importante de todas: ¿para qué es la vida?
Hay que plantearse muy seriamente a qué dedicamos nuestro tiempo.
Nadie en su lecho de muerte piensa:
‘Ojalá que hubiera pasado más tiempo en la oficina o viendo la tele’,
y, sin embargo, son las cosas que más tiempo consumen en la vida de la gente.


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