domingo, 23 de noviembre de 2014

En El Ciruelo

Cada día, el viejo sabio caminaba tranquilamente.
Sus discípulos eran escasos, porque él no se mostraba hablador.
Hablaban ellos y él se contentaba con una ligera
inclinación de cabeza o con una reflexión aquí y allá.
Enseñaba más con sus actos que con sus palabras.
A ellos les correspondía averiguar el significado.
A veces le llamaban el sabio loco por su manera de desconcertar
a sus estudiantes.
Un día, uno de ellos le preguntó: -¿Puedo hablar contigo?
-Por supuesto. Búscame mañana por la mañana en el ciruelo
a la salida del sol.
A la hora convenida, el estudiante acudió a la cita.
El sabio no estaba.
El tiempo pasó y pasó.
Por fin el joven se fue decepcionado.
Al día siguiente, cuando volvió a ver al sabio, exclamó:
-¿Dónde estabas? No te vi bajo el ciruelo.
-Estaba en el árbol, ¿Por qué no miraste arriba?
Yo te lo dije muy claro: 'En el ciruelo'

Escucha lo que te dicen y aprende a observar a tu alrededor. 
No te quedes con lo que parece obvio.

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