lunes, 10 de noviembre de 2014

Asamblea En La Carpintería



Cuentan que en una carpintería hubo una vez una extraña asamblea.
Fue una reunión de herramientas para arreglar sus diferencias.
El martillo ejerció la presidencia.
Pero la asamblea le notificó que tenia debería renunciar.
 ¿La causa? Hacía demasiado ruido y además, se pasaba el tiempo golpeando.
El martillo acepto su culpa, pero pidió que también fuera expulsado el cepillo de madera.
No tenía nunca profundidad para nada.
El cepillo acepto a su vez, pero pidió la expulsión del tornillo.
Adujo que había que darle muchas vueltas para que al fin sirviera para algo.
Ante el ataque, el tronillo aceptó también la culpa.
Pero a su vez pidió la expulsión del papel de lija.
Hizo ver que era muy áspero en su trato y siempre tenía fricciones con los demás.
Y el papel de lija estuvo de acuerdo, a condición de que fuese expulsado el metro.
Este que siempre pasaba midiendo a los demás, con SU MEDIDA, como si fuese el único perfecto.
En eso entro el carpintero, se coloco su mandil, se fue al banco para comenzar su trabajo.
Utilizo el martillo, el cepillo, el papel de lija, el metro y el tornillo.
Finalmente la tosca madera inicial se convirtió en un lindo mueble.
Cuando la carpintería quedo nuevamente sola, la asamblea reanudo su deliberación.
Fue entonces cuando tomo la palabra el serrucho y dijo “señores a quedado demostrado que tenemos muchos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades.
Concentrémonos entonces en la utilidad de nuestros puntos buenos”
La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte y contundente, el cepillo suave y eficaz, se dieron cuenta que el tornillo tenia habilidad para unir y dar fuerzas, y el papel de lijas era especial para afinar situaciones y limar asperezas, observaron que el metro era preciso y exacto.
Se sintieron entonces un equipo capaz de ayudar a construir muebles de calidad, se sintieron orgullosos de su fortaleza y de poder trabajar juntos y en armonía.


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